¿Será el Instituto Aragonés del Agua nuestro Canal de Isabel II?

Marufirma
Articulo de Opinión

Maru Díaz, secretaria general de Podemos Zaragoza

Una, cuando ya lleva unos meses en política, comienza a descubrir que la acumulación de casualidades nunca son producto del azar, sino más bien el reflejo de una causa común que se nos escapa. Normalmente la generalización de despropósitos, los sobrecostes ‘sin querer’ y los fondos públicos perdidos no se sostienen fácilmente bajo la hipótesis, sin más, de la mala gestión. En el caso del plan de saneamiento aragonés, ni juntando todos los errores de la historia de la democracia aragonesa uno consigue acercarse al conjunto de sin sentidos que se dejan entrever alrededor del mismo.

Les invito a recorrer conmigo el conjunto de hechos en torno a la depuración aragonesa para que luego juzguen ustedes por sí mismos. Allá por la primera legislatura de Zapatero nuestros ríos del Pirineo fueron declarados “bien de interés general” y el Gobierno central, por dicha declaración, destinó suculentos millones para la depuración de dichas aguas. Nos llegaron más de 100 millones de euros del Gobierno central y, sin embargo, desde Aragón decidimos que la construcción y gestión la hicieran empresas privadas con concesiones por obra y servicio. Este mecanismo de externalización se suele usar cuando la administración no tiene fondos, sin embargo, desde Aragón se decidió que los fondos se destinaran a “otros fines” y que las obras se externalizasen. Primer despropósito.

Por si esto fuera poco, esta externalización la firmó una administración, el Instituto Aragonés del Agua, que no tenía todavía la competencia sobre depuración. Y decimos todavía porque algunos municipios en los que se iban a construir estas depuradoras cedieron la competencia después de que el Instituto Aragonés del Agua hubiera hecho ya los contratos con la empresa. Segundo despropósito.

Esto se podría quedar en una chapuza administrativa y un mal uso de fondos públicos si no fuera porque hoy en día, casi diez años después, una sube al Pirineo y observa que tenemos pueblos con depuradoras pero sin personas, algo así como el modelo de aeropuerto sin aviones a la aragonesa, pueblos con macro depuradoras que servirían para depurar medio Zaragoza y, lo más llamativo, pueblos que tenían fondos consignados desde el Gobierno central para una depuradora y que ni tienen depuradora ni se la espera y ahora tienen que pagar multas por contaminar el agua.

Y si a esto le sumas la creación de un impuesto injusto por parte del Gobierno de Aragón como es el Impuesto de Contaminación de las Aguas (ICA) para recaudar lo suficiente como para tapar todo este desastre, la cosa deja de ser un cúmulo de despropósitos para empezar a apuntar hacia otro lado.

Este conjunto de casualidades que apuntan a otra causa que el mero azar es el que nos movió desde Podemos Aragón a solicitar la creación, en las Cortes de Aragón, de una Comisión de Investigación en torno al plan de depuración. Porque quizás la intuición nos engañe, quizás sólo hayamos tenido la mala suerte de tener a los políticos más incompetentes gestionando el Instituto Aragonés del Agua durante años, pero… ¿y si lo que tenemos es nuestro propio Canal de Isabel II?

Este texto pertenece a la 1ª edición del periódico ‘La Plaza’, editado por Podemos Zaragoza, del que este verano se reparten 35.000 ejemplares de modo gratuito para informar a la ciudadanía sobre este y otros asuntos relacionados con la gestión de un bien necesario para la vida como es el agua.

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